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Con suficiente valor puedes sobrevivir sin una buena reputación


Gone with the wind era una cuenta pendiente de toda la vida, de esas que uno tiene en el primer lugar de la lista y con las que fantasea, pero nunca tiene la chance de realizar. Este año me prometí que iba a quitarme de encima muchas de esas cuentas pendientes, y sin embargo esperé hasta el último momento para verla. Primero, porque tenía la intención de verla el día del aniversario de su estreno (15 de diciembre de 1939). Segundo, porque no encontraba el tiempo suficiente para verla. Porque si hay algo que tengo es que soy tan testaruda como Scarlett O’Hara, y si no la veía en una sentada no me valía. Lo más increíble fue que contra todo pronóstico lo conseguí.

Las tres horas y cincuenta y algo minutos que dura se pasaron volando. Si bien uno puede ver cada parte por separado –el final de la primera parte es tan memorable como el de la segunda-, verla completa es una experiencia fantástica. 

Y yo, que detesto sobremanera todos los tópicos sureños y las películas con sus valores, pude hacer caso omiso a todos aquellos comentarios negativos sobre los personajes y la película en sí que alguna vez oí/leí. Si bien es cierto que hay cosas bastante molestas (me parece horrible que los esclavos de la familia O’Hara sean retratados como personas tontas, dejando de lado a la adorable Mammy), uno debe mirar la historia sabiendo que son tópicos de la época que ya estaban en el libro.

Scarlett y Rhett pueden ser dos personas horribles. Y lo son. Pero son tal para cual. Y se han convertido en dos de mis personajes favoritos del cine. Scarlett es una chica egoísta, materialista y abusadora; pero la fortaleza de esa mujer para sacar adelante Tara, su ambición, su valor, son cosas admirables. La admiro, y me identifico muchísimo con ella. De hecho, creo que la envidio un poquito. 

Rhett es un hombre frío, controlador, superficial y algo soberbio; pero siente un amor genuino por Scarlett, una fascinación que lo obliga a realizar lo que él jamás hubiera hecho: casarse. Y ese amor genuino es correspondido, aunque los orgullos de ambos personajes no les permitan demostrárselo.

Si Scarlett y Rhett resultan tan interesantes, gran parte de la culpa es de esos dos actorazos que los interpretan. Tanto Clark Gable como Vivien Leigh están fantásticos. Pero Vivien se roba todas las miradas, y con razón. Su interpretación de la niña sureña malcriada y caprichosa, que atraviesa todas las dificultades que le impone la vida, y sigue adelante sin cesar de buscar la realización de sus aspiraciones es maravillosa. Cada vez que veo uno de sus trabajos confirmo que era una excelente actriz, y estoy comenzando a considerarla de mis favoritas.

El trabajo de Victor Fleming es maravilloso, también. Majestuoso. El vestuario, ¡qué vestuario más hermoso! ¡Esta noche soñaré con los vestidos de Scarlett!

Prometo que pronto les contaré algo más sobre la película; pero por hoy sólo les diré que el que –como yo- ha vivido su vida sin esta película no sólo se está perdiendo una de las obras más importantes del cine americano, se está perdiendo una historia muy interesante.

Comentarios

  1. Maravilloso clásico, de esos que perduran en la memoria y que cada vez que la ves te engancha sin dejarte escapar...te animo a que investiges un poco...esta película da para mucho en el tema de curiosidades.

    saludos

    p.d. por ejemplo en el incendio de Atlanta se quemaron los escenarios de King Kong

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  2. ¡Seguro! Apenas me ponga al día con todas las entradas que les debo, te prometo que me pondré manos a la obra para recopilar información. También te invito a que si te encuentras con algún dato curioso me lo hagas llegar. Se agradecerá y por supuesto haré saber a todos de tus aportes.

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