20 may. 2018

Ellas y el Cine: Lois Weber

Hoy toca hablar de una pionera: Lois Weber. Actriz, directora, guionista y productora, Lois tuvo una carrera muy prolífica. Y, además del título de la primera directora de cine norteamericana, fue pionera en varios aspectos de los que os hablaré más abajo. 


Cuando Lois era pequeña quería ser pianista. Para cumplir su sueño, abandonó muy pronto su natal  Pennsylvania y vivió en la pobreza, cantando en las calles. Con 21 años realizó una gira como pianista por los Estados Unidos que duró tan solo un año: abandonó su sueño cuando una tecla de su piano le falló durante un concierto. 

Su tío le recomendó probar suerte en la actuación, y se mudó a la ciudad de New York para aprender canto. Poco después, consiguió trabajo como actriz de teatro. Se dedicó a la actuación hasta que se casó, cuando decidió quedarse en casa y comenzó a escribir obras como freelance. 

En 1908 fue contratada por American Gaumont Chronophones como cantante. Poco después, ya estaba escribiendo guiones y dirigiendo las grabaciones. En 1910, decidió probar suerte en la industria del cine trabajando como guionista, subtituladora, actriz, directora, diseñadora de escenarios y vestuarios, montajista y hasta reveladora de negativos. Pero entonces estaba trabajando en equipo junto a su marido, por lo que sólo salía en los créditos de las películas cuando escribía los guiones. Una de sus primeras películas es Heroine of ‘76, la que dirigió junto a su marido y Edwin S. Porter

En 1912 se mudó a Los Angeles, donde producía dos películas por semana. En 1914, dirigió la primera adaptación en largometraje de una obra de Shakespeare, The Merchant of Venice. Y ese mismo año comenzó a trabajar como productora bajo el mando de Julia Crawford Ivers, la primera manager general de un estudio cinematográfico. Ganaba unos 50.000 dólares al año, lo que suponía ser la directora mejor pagada de la época y una de las más famosas por entonces.

Fue también en 1914 cuando dirigió su primera película relevante: Hypocrites. Estaba escrita, producida y dirigida por ella, y además era la primera película en mostrar un desnudo frontal femenino. El desnudo superó la censura en varios estados, pero en otros se obligó a “vestir” los fotogramas (cuando no se prohibió su proyección, claro). 

En 1915 volvió a cambiarse de estudio: Universal la contrató para pagarle 5.000 dólares a la semana, y darle total libertad de elección en cuanto a las historias que contar y cómo hacerlo.  Y a pesar de que sus historias solían ser muy moralistas, la censura seguía siendo una de las mayores piedras en su camino. 

En 1917 decidió que era momento de cambiar de aires, y fundó su propio estudio: Lois Weber Productions. Quería hacer cine a su manera, sin seguir el modelo de producción de la industria en la época. Producía en forma secuencial, que era la forma en la que ella creía que podía trabajar mejor. Y fue en 1917 cuando consiguió ser la primera mujer en ser miembro de la asociación norteamericana de directores de cine.

Después de la Primera Guerra Mundial llegaron los primeros problemas económicos. Lois trabajaba para Universal y alquilaba sus estudios a productores independientes; pero el dinero no era suficiente para permitirle hacer sus películas. Entonces, decidió abandonar Universal y firmar un contrato con Louis B. Meyer por el valor de 3.500 dólares semanales. Este y otro contrato con Famous Player-Lasky le permitieron ahorrar lo suficiente para comprar sus propios lotes de estudios en Hollywood. 

En los años veinte Lois estaba en lo más alto de su carrera, pero también fueron esos años los que supusieron el final: su cine moralista se veía como anticuado, el gusto del público había cambaido. Y Universal decidió rescindir su contrato sin estrenar la última película que rodó para ellos. Además, sus estudios también estaban en problemas, y en abril de 1921 tuvo que despedir a casi todo su equipo. Aún así continuó dirigiendo y escribiendo guiones, pero sin mucho éxito.

El 21 de junio de 1940, se emitió por la cadena NBC la última película de Lois (y la primera que contaba con diálogo): White Heat.  Había muerto poco antes, en noviembre de 1939. Y aunque su ficha de IMDB indica que dirigió unas 135 películas y escribió el guión de unas 114, se dice que el verdadero número está entre 200 y 400 títulos. Pocas de ellas sobreviven, pero algunas de ellas están disponibles en YouTube. 

Lois tuvo una carrera controversial, en la que las mujeres solían ser las protagonistas de sus historias y el objetivo final era conseguir un cambio en la sociedad. Ha pasado a la historia como una directora que se especializó en lanzar la carrera de varias actrices; pero fue mucho más que eso. Y merece que se cuente su historia. 


Cada semana os contaré la historia de una mujer: famosa o desconocida, contemporánea o no tanto, exitosa o no. Y quiero invitaros a que me ayudéis a darlas a conocer: podéis contactarme vía Twitter(@pantalla_adicta), Facebook o e-mail, y podéis hacerlo con nombres conocidos o contarme vuestras historias de familiares, amigas o vosotras mismas. Cualquier mujer que haya rodado un corto, medio o largo, que haya trabajado en un set, tiene espacio en este blog. ¡Espero con ansias vuestro aporte!

15 may. 2018

Ellas y el Cine: Barbra Streisand

Hoy os quiero hablar de una mujer que se ha echado fama de “difícil” (¿perfeccionismo o sólo saber lo que quiere?), de la que me enseñó que nosotras también podemos hacer cine y lo que nos apetezca: Barbara Joan Streisand. O Barbra Streisand, como le conocemos los mortales. 

Barbra nació en Brooklyn, New York, el 24 de abril de 1942. Su padre murió al poco tiempo, y su familia vivía prácticamente en la pobreza. En el cole la pequeña Barbra destacaba por ser inteligente, pero también por su “falta de disciplina” (gritaba las respuestas a las preguntas de sus maestros aunque no le dieran la palabra, por ejemplo).

Cuando descubrió el cine y la televisión, Barbra supo que su futuro era ser famosa. Y se marcó como objetivo convertirse en actriz. Y como cantar se le daba bien, comenzó a explotarlo cantando en la calle con sus amigos y en el colegio cada vez que surgía la oportunidad. 

Su habilidad para cantar le ayudó a conseguir pequeñas actuaciones en bodas y una prueba en MGM Records, que fue su primer fracaso. Pero eso no la detuvo, y con el objetivo claro de convertirse en actriz de Broadway, se dedicó a aprenderse la biografía de otras actrices, sus obras favoritas y todas las teorías y técnicas de actuación que podía encontrar en la biblioteca local. 

En 1957 consiguió su primer papel en teatro, y decidió que aprendería el arte con la experiencia. Prefirió pasar de las clases de actuación, y a cambio enfocarse en trabajos detrás de bambalinas y en todos los pequeños trabajos como actriz que pudiera conseguir. 

Con 16 años abandonó la casa familiar y alquiló un pequeño apartamento en la ciudad de New York, justo en el distrito donde se encontraban los teatros, y continuó trabajando como lo que surgiera (siempre en el teatro, claro) y presentándose a cuanto casting hubiera. En 1960, consiguió un casting en The Sound of Music. Otro fracaso: el director no la consideraba indicada para el papel. Pero le dijo que incluyera el canto en su currículum, porque podía ayudarla. Y Barbra decidió que si era complicado conseguir trabajo como actriz, intentaría conseguirlo como cantante.

Grabó un demo, y comenzó a repartirlo en cada casting. Su novio la convenció de probar suerte en un concurso de talento en el Lion (un club gay de Greenwich Village). Barbra lo bordó, y consiguió que la invitaran a volver a cantar allí. Esto la llevó a conseguir más trabajos como cantante en bares, y comenzar a darse a conocer. Aprovechó estas oportunidades para acostumbrarse a hablar en público y hacer bromas, algo que también se le daba muy bien.

El tercer fracaso llegó con su primer papel en el teatro musical: Another Evening with Harry Stoones. La obra fue cancelada al día siguiente del estreno. Aún así, Barbra no se rindió: se hizo con un manager y continuó trabajando en bares sin parar. 

Y llegó su primer triunfo apenas unos meses después: I Can Get It for You Wholesale. Allí hacía un pequeño papel, pero su número musical era tan bueno que Broadway comenzó a considerarla como un nuevo talento. Además, el papel le consiguió una nominación al Tony y un premio de la asociación de críticos de New York.

De allí el siguiente paso: la televisión. Comenzó a aparecer en varios programas, y en 1962 llegó a Ed Sullivan. Allí conoció a Liberace, que la invitó a ser su telonera en Las Vegas. Y en 1963, llegó el primer disco. Con él, tres Grammys. Y un segundo disco sólo unos meses después. En tan solo un año, Barbra ya estaba cerca del objetivo que se había planteado.

En 1964 regresó a Broadway para al fin establecerse como actriz. Y lo hizo con Funny Girl, la que cuatro años después la llevó al cine de la mano de William Wyler. Su debut en el cine le dió su primer Oscar, que compartió con Katharine Hepburn debido a un empate. Su carrera en el cine continuó con papeles en musicales: Hello, Dolly! (Gene Kelly, 1969), On a Clear Day You Can See Forever (Vincente Minelli, 1970). De allí se pasó a la comedia. Y consiguió otra nominación al Oscar en este género por The Way We Were (Sydney Pollack,1973). La tercera llegó por la canción “Evergreen” de A Star Is Born (Frank Pierson, 1976), la cual también protagonizó. 

En 1969 había creado la companía de producción First Artists junto a Paul Newman y Sidney Poitier, la cual les permitía asegurarse derechos para desarrollar proyectos de cine propios. Con ella, rodó Up in the Sandbox (Irvin Kershner, 1972). Y, si bien lo de ser actriz no se le daba mal, a principios de los ochenta decidió que quería enfocarse en otras cosas. 

En 1972 había creado Barwood Films, su propia productora. Y en 1983 produjo Yentl, la cual escribió (aunque no esté su nombre en los créditos) dirigió y protagonizó. La película consiguió cinco nominaciones al Oscar, pero ninguna por el trabajo de Barbra... ¿fracaso? Diría que no. Barbra volvió a producir, dirigir y protagonizar dos veces más: The Prince of Tides (1991) y The Mirror Has Two Faces (1996). La primera consiguió nominaciones a Mejor Película y Guión en los Oscars del año siguiente. 

A los anteriores créditos como directora se suman los de tres de sus conciertos, y esperamos que pronto la película sobre Catalina la Grande. Su ficha de IMDB es larguísima: 78 soundtracks, 26 películas producidas, 24 como actriz, ocho veces directora y cinco guionista. Ni hablar de la cantidad de discos que ha lanzado: he perdido la cuenta.

Ha conseguido dos Oscars, diez Grammys, cinco Emmys, cuatro premios Peabody y nueve Globos de Oro, entre varios premios y nominaciones más. Barbra es una de las pocas personas en la historia en haber conseguido Grammy, Emmy, Oscar y Tony, y sólo ella y Mike Nichols han sumado el Peabody a esta lista. Nada mal para una chica que sólo quería ser famosa...


Cada semana os contaré la historia de una mujer: famosa o desconocida, contemporánea o no tanto, exitosa o no. Y quiero invitaros a que me ayudéis a darlas a conocer: podéis contactarme vía Twitter(@pantalla_adicta), Facebook o e-mail, y podéis hacerlo con nombres conocidos o contarme vuestras historias de familiares, amigas o vosotras mismas. Cualquier mujer que haya rodado un corto, medio o largo, que haya trabajado en un set, tiene espacio en este blog. ¡Espero con ansias vuestro aporte!

5 may. 2018

Ellas y el Cine: Frances Marion

Hoy quiero hablaros de Frances Marion, periodista, autora, directora de cine y guionista. Frances fue la primera guionista en ganar dos Oscars consecutivos. Fue responsable de algunos de los mejores guiones de su época, y una mujer muy influyente en su industria durante su carrera. 


Frances nació en la ciudad de San Francisco, el 18 de noviembre de 1888. Después de estudiar arte, comenzó su carrera como asistente de fotografía, ilustradora y periodista. En 1914, consiguió el puesto de asistente en la Lois Weber Productions (compañía de la directora de cine Lois Weber, de quien ya os hablaré). Allí descubrió que, aunque ser actriz sonaba atractivo, el trabajo tras las cámaras era mucho más interesante para ella. Y dedicó todo su tiempo a aprender el arte de hacer cine. 

Poco después, conoció a Mary Pickford y comenzó a escribir para ella. Guiones como Rebecca of Sunnybrook Farm (Mashall Neilan, 1917), The Poor Little Rich Girl (Maurice Tourneur, 1917) y The Little Princess (Marshall Neilan, 1917) le valieron el respeto en la industria, y consiguieron que se le pagaran unos 3.000 dólares a la semana (que era muchísimo para la época). De hecho, por entonces, se comentaba que el éxito de MGM se debía a los guiones de Frances. Y se dice que fue ella quien definió las carreras de Marie Dressler, Greta Garbo, Marion Davies, y su amiga Mary Pickford

Ganó su primer Oscar como guionista en 1931 por The Big House (George W. Hill y Ward Wing), y en 1932 el segundo por The Champ (King Vidor). En 1937 escribió uno de los primeros manuales para guionistas: How to Write and Sell Film Stories. Además de conquistar Hollywood, había tenido tiempo de ser corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial: allí se dedicó a registrar el trabajo de las mujeres en el campo de combate y fue la primer mujer en cruzar el Rin cuando el armisticio. 

En 1946 abandonó Hollywood para escribir teatro y novelas. En 1972 publicó su autobiografía, titulada Off With Their Heads: A Serio-Comic Tale of Hollywood. En total, escribió unos 300 guiones, y produjo más de 130 películas, aunque figuren menos créditos en su ficha de IMDB (solía usar Frank M. Clifton, Francis Marion y otros pseudónimos). Oficialmente, dirigió dos películas: The Love Light (1921) y Just Around the Corner (1921). Y codirigió The Song of Love (1923) junto a Chester M. Franklin. Puede que sin Frances Marion, la Era Dorada de Hollywood fuera un poco menos dorada, y por ello, merece que la recordemos.


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30 abr. 2018

Ellas y el Cine: Reed Morano

Como este fin de semana he comenzado a ver la segunda temporada de The Handmaid’s Tale, sentí la necesidad de hablaros de ella: Reed Morano. A muchos os sonará porque dirigió los primeros episodios de la primera temporada, y por ellos ganó un Emmy y un Directors Guild Award. Pero, además de eso, Reed es directora de fotografía. Y muy buena, por cierto.



Reed nació en el estado de Nebraska y pasó gran parte de su infancia mudándose de un sitio a otro. Su mayor interés cuando era niña era el teatro; pero eso cambió cuando su padrastro le regaló una cámara para que documentara los eventos familiares. A punto de seguir la carrera de periodismo su pasión por la cámara volvió a tentarla, y finalmente se decantó por estudiar cine en la Universidad de New York.

Comenzó su carrera como profesora de fotografía cinematográfica y televisión en NYU, combinándolo con su trabajo como directora de fotografía y operaria de cámara en cortometrajes, documentales y series de televisión. En 2008, Frozen River (Courtney Hunt) se estrenó en Sundance, y desde entonces Reed se ha establecido aún más en la industria audiovisual.

Si os gusta el cine independiente, seguro os sonarán títulos como Kill your Darlings (John Krokidas, 2013) o The Skeleton Twins (Craig Johnson, 2014), ambas fotografiadas por Reed. Si sois más de tele, seguro os suena Looking (trabajó en el primer episodio) o Vinyl (cinco episodios), ambas de HBO. Y, como ya sabéis, también ha dirigido episodios de The Handmaid’s Tale (Hulu). Pero además, ha dirigido episodios de Halt and Catch Fire (AMC) y Billions (Showtime).

En 2015, debutó como directora de cine con Meadowland, que se estrenó en el Festival de Tribeca y estaba protagonizada por su amiga -y mayor fan- Olivia Wilde. Y este año ha estrenado I Think We’re Alone Now, un drama de ciencia ficción protagonizado por Peter Dinklage, Elle Fanning y Charlotte Gainsbourg.

Su ficha de IMDB indica que Reed, entre cine, video y televisión, ha acumulado 51 créditos como directora de fotografía, 24 como cámara, siete como directora y uno como productora ejecutiva (tres episodios de The Handmaid’s Tale). La carrera de Reed comenzó en 1999, y seguro que continuará sumando créditos (y premios). Estoy ansiosa por ver lo próximo que hará.


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21 abr. 2018

Ellas y el Cine: Anna Hofmann-Uddgren

¿Os suena de alguna parte Anna Maria Viktoria Hofman-Uddgren? Esta sueca fue actriz, cantante de cabaret, guionista y directora de cine. Anna fue pionera en Suecia, ya que de las primeras directoras de cine de esta nacionalidad (el título de pionera fue de Anna durante muchos años, pero corresponde a Ebba Lindkvist, directora de Värmländingarna en 1910).



La biografía de Anna ha sido siempre un poco tabú: según cuenta la leyenda, era la hija no reconocida del rey Oscar II de Suecia y Noruega. Anna nunca quiso hablar de su pasado; pero en sus memorias escribió que a los 17 años su madre la llevó al palacio real, y el rey fue quien pagó sus estudios en París, donde comenzó su carrera como actriz y cantante. 

En 1898 descubrió la imagen en movimiento, y un año después era la responsable de las películas que se proyectaban en el Victoriateatern de Estocolmo.

En 1911 decidió ir más allá, y dirigió su ópera prima: la comedia Stockholmsfrestelser eller Ett norrlandsherrskaps äventyr i den sköna synderskans stad. La película se anunciaba como la primera película de una hora de duración, pero su papel como directora no se mencionaba en los anuncios. Eso sí, no faltaba mención al trabajo de su marido, el periodista Gustaf Uddgren, como el responsable de la producción. El papel de Anna, entonces, estaba reducido a su trabajo como actriz (interpretó el papel de la señora Westegard).

Pero eso no detuvo a Anna: ese mismo año dirigió dos películas más. Blott en dröm y Stockholmsdamernas älskling, los títulos de esas películas, además, contaban con la presencia de actores populares en Suecia. 

Sus siguientes trabajos como directora fueron Fröken Julie y Fadren, ambas adaptaciones literarias. En ellas, Anna experimentaba con el montaje y el cambio de escenas. Las críticas no fueron buenas: los críticos consideraban que las adaptaciones de teatro a imagen muda en movimiento eran una especie de sacrilegio. 

Su último trabajo como directora fue Systrarna, una historia escrita para cine por la escritora Elin Wägner. Quizás por el fallecimiento de N.P. Nilsson (dueño de salas, distribuidor de cine, y quien financiaba el trabajo de la directora), en 1912 Anna dejó la dirección de cine. Y sólo nos dejó un crédito más como actriz, en la película Vallfarten till Kevlaar (Ivan Hedqvist, 1921). Su carrera como directora había durado tan sólo dos años; pero en esos dos años consiguió dejar su huella en la Historia del Cine



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