10 sept. 2009

Desde las colinas de Austria

Víctima de una "depresión post-vacacional", se despertó en mí el deseo de reencontrarme con una vieja amiga de la infancia: Fraulein María, más conocida como la gran Julie Andrews.


Creo que es sin duda la película más larga que miré durante mi infancia. Me sorprende que hoy en día no pueda sentarme casi tres horas sin despegarme al menos un instante de la pantalla, cuando de pequeña recuerdo pasarme la tarde entera sentada cantando con la familia Von Trapp.

Sin embargo, en mi mente de niña la película era mucho más larga (algo similar me ocurre con The Wizard of Oz). La resolución casi instantánea de los conflictos me resulta hasta simpática, cuando unos cuantos años atrás me resultaba una eternidad. No recuerdo exactamente cuántos años pasaron desde la última vez que la ví, pero las escenas estaban grabadas en mi mente de tal manera que sentí que el tiempo estaba suspendido.

Este clásico es una de las razones por las que amo a Julie Andrews y al género del musical. En este tipo de películas, y en algunos de los trabajos de la actriz, el mundo resulta más colorido y la inocencia de uno se despierta.

Decir que al instante en que comenzó la primera escena ya estaba cantando es poco. Pasan los años y su música sigue grabada en la mente de quienes la hayan visto, porque además, en algunos casos, también hemos repasado y cantado esas canciones en el cole, en momentos de nostalgia con los amigos, tratando de alegrarle el día a algún niño.

Creo que esta película -y algunas otras más, que en algún momento repasaré en una lista de esas que tanto me cuesta hacer- son obligatorias cuando se trata de hacer feliz la niñez. Todos los niños del planeta deberían disfrutarla. Poco importa si habla de la Segunda Guerra Mundial, si habla de religiones, o si tiene errores históricos y geográficos. La historia de María y los Von Trapp es una historia que a todos nos alegra el día.

Ya con observar la cantidad de veces que esta historia fue imitada (para nombrar una bastante obvia basta con recurrir a Fran Drescher y su adaptación: La niñera y el Presidente), uno comprende la importancia que tiene en la historia del cine.

Además, por supuesto, están los premios que obtuvo: Oscar a mejor dirección, a mejor edición (a pesar de la cantidad de errores de continuidad que, por supuesto, para la época no eran tantos), música y mejor película entre otros; y la nominación de Julie a mejor actiz. Esos y muchos otros más.

Entonces, ¿cómo dejar para otro día un clásico? ¿Cuándo no es el momento indicado para verla?
The hills are alive with the sound of music
With songs they have sung for a thousand years
The hills fill my heart with the sound of music
My heart wants to sing every song it hears

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