15 may. 2009

Reina por mil días



1969
Director: Charles Jarrott
Guión: Maxwell Anderson (para teatro), Bridget Boland
Producción: Richard McWhorter, Hal B. Wallis
Fotografía: Arthur Ibbetson
Vestuario: Margaret Furse
Música: Georges Delerue


Protagonistas:
Richard Burton .... King Henry VIII
Geneviève Bujold .... Anne Boleyn

Soy gran admiradora del cine clásico, y Anne of the Thousand Days me resultaba lo suficientemente atractiva debido a la actuación del señor Richard Burton.

Pero además, debido a mi particular fascinación con la realeza -y en consecuencia con los Tudor- Ana Bolena me resulta un personaje que se merece que dedique un buen rato a saber algo más de su historia.

Cuando una persona que ha dedicado su vida a investigar sobre la pobre reina de Gran Bretaña me comentó que esta película era una de las que más respetaba los hechos tal y como ocurrieron, y que Genivève Bujold le había resultado perfecta para el personaje, supe que tenía que tratar de encontrar el film donde fuera.

Y tuve la suerte de encontrarlo cambiando de canal, en la comodidad de mi casa. ¡Qué bueno que aún existan canales de tv que le dan espacio al cine, que apoyan los clásicos, y que permiten que quienes no pudimos disfrutar de ellos en su momento podamos hacerlo ahora!

Mi afición por las esposas de Enrique VIII también me obliga a ver religiosamente la serie norteamericana The Tudors, la que -como toda producción moderna- tiene varios errores históricos. Sin embargo, hay algunos detalles de esta serie que no pude evitar comparar con el film.

Para empezar, viendo Anne... no pude evitar sonreír ante la inocencia de la visión que se tenía del pasado. Todos tenemos esa imagen romántica de la historia en algún nivel, creo yo que más que nada las mujeres por los cuentos de hadas. Recuerdo que sin embargo nunca me llamó la atención la cantidad de escenas sexuales que hay por capítulo en The Tudors, dado que conozco bastante bien el comportamiento humano, sobre todo el de la época, y sobre todo el de Enrique.

Sin embargo, en la película se explota otro lado del rey, se recurre más a su obsesión por ser padre de un heredero. Y claro, no hay escenas sexuales, lo que resta a la pasión que sentía el rey por Ana. Pero la visión de la época es fascinante y tan acertada como lo permitían los medios que existían para este rodaje.

No tengo nada en contra de las actuaciones, aunque no me parecieron demasiado fantásticas. Dado que el guión provenía de una obra de teatro -elemento que juega bastante en contra en algunos casos-, y que ya tenía la imagen mental de las interpretaciones de Jonathan Rhys Meyers y Natalie Dormer de los personajes en cuestión, me resultaron un poco lejanos y no encontré química entre ellos. Claro que quizá esto sea porque miré el film con ojos del S. XXI, a pesar de que intenté lo contrario.

Una escena que realmente me gustó fue la del paseo posterior a la ceremonia de matrimonio. Creo que en este caso me resultó incluso más realista de lo que me resultan tales escenas en The Tudors (vale aclarar que en la era medieval la vida del rico no era tan fantástica como imaginamos, y que las cosas no eran tan grandes como nos las muestran la tv y el cine).

Además, conociendo lo buena reina que fue Catalina de Aragón, es comprensible que el pueblo detestara a Ana, aún si ella era una santa. Ana revolucionó la realeza, fue capaz de lograr que un rey renunciara al Vaticano, y su hija fue una de las reinas más importantes de la historia de su país. Y por todo ello fue odiada, y por ello pagó con su cabeza.

Sin embargo, al mirar este film uno no puede evitar sentir aprecio por esta reina, y de sufrir su muerte. Lo que logra esta película es que uno la admire y la santifique. Sin embargo, personalmente me atrae más la Ana de Natalie Dormer, una chica que despertó la pasión del rey, una chica a la que uno puede llegar a odiar tanto como la odió el pueblo británico, y que logra que la perdonemos y hasta la admiremos y tengamos lástima de su final. No soy especialista en Ana, y aunque me aseguren que la verdadera se asemejaba más a la de Genivève Bujold, mi favorita es la de Natalie.

Y ya dejando de lado las comparaciones -quizá un poco injustas por la diferencia de épocas entre una y otra producción-, me quedo con el cierre del film, que abre expectativas y despierta un genial interés. Saber que Ana fue la madre de Elizabeth I ya nos dice cómo acaba la historia -una historia muy interesante también-, y me deja con ganas de saber un poco más sobre esa reina que revolucionó el mundo británico en tan sólo mil días. Una mujer capaz de tanto en tan poco tiempo siempre se merece un homenaje. Aunque esos homenajes duren poco más de una hora y se guarden en rollos de celuloide.