24 mar. 2009

Los Abrazos Rotos: ¿clásico atemporal o película relleno?


Al mirar Los Abrazos Rotos uno que ha visto el cine de Almodóvar se da cuenta de que cuando la escribió le dolía la cabeza. Esta peli es el producto de las migrañas y la fotofobia, de la frustración por no poder lograr acabar el guión de La piel que habito (aunque revisando la historia del director me animo a decir que eso ya es normal, Mujeres al borde de un ataque de nervios nace por la frustración de no poder hacer Tacones Lejanos, película que en su idea original era lo que hoy es Volver. Un poco rebuscado, pero es así...). Es un guión sencillo en extremo, con muy poca de la chispa que lo caracteriza. Por eso uno se da cuenta de que no estaba de muy buen humor.

La otra sorpresa es que el protagonista sea un hombre (Lluís Homar). Y no es un hombre típico. Es un ciego. No tiene más trauma que haber quedado ciego en un accidente de tráfico. Es un personaje sencillo, callado, sin ninguna oscuridad más que la que lo rodea. Los que sí tienen traumas, que tienen cosas que ocultar, son los demás personajes. Todos salvo uno, Diego (Tamar Novas), que es una especie de Lazarillo.

Lena (Penélope Cruz) es un papel que ni siquiera me animo a decir que es principal. Sí, aparece casi toda la peli, pero su papel es casi una excusa para la historia. Como Lena Penny está bien, pero no me arriesgo ni me la juego siquiera por nominación al Oscar. Que me perdonen mis dos adorados, pero si esta vez lo gana no se lo merece. Judith (Blanca Portillo) es un personaje exacto, interpretado con la perfección que caracteriza a esta actriz. Blanca está genial, y su personaje es ¡tan sencillo y tan bonito! Pero para mí el que se lleva todos los aplausos es Rubén Ochandiano, Ray X para los amigos. ¡Está genial! No digo ni por qué, porque no quiero contar toda la peli.

Por lo demás, el uso de la cámara es magistral. Mirando y analizando, me animo a arriesgar que esta misma peli podría haber sido contada en blanco y negro, y quizá ambientada en los años 30 o 40. Es tan clásica, tan pensada, que da placer mirar las cosas que nos muestra la cámara. Y eso nos ayuda a engancharnos durante dos horas que se pasan volando y nos dejan con ganas de más. Lástima que Pedro no hace secuelas...

Y ahora a mirarla el que no la haya visto; pero a mirarla sin preconcepciones, olvidando todo cuanto se haya leído. La magia de la película reside en verla como se ve a un clásico. Casi como cuando Lena y Mateo Blanco miran Viaggio in Italia...


Destacados: La escena de la escalera, la aparición de Chus Lampreave, Kiti Manver y Rossy de Palma, la fotografía.

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